En 2014, la Unión Europea adoptó la Bank Recovery and Resolution Directive (BRRD), que establece un marco común para el rescate de bancos en crisis.
Este marco prioriza el bail-in, un mecanismo en el que el banco se rescata con recursos internos, obligando a que accionistas, acreedores y grandes depositantes (por encima de 100.000 euros) absorban pérdidas. Un ejemplo fue el rescate de Chipre en 2013, donde las depositantes asumieron pérdidas o recibieron acciones de la entidad bancaria como compensación.
Bajo la BRRD, los bail-outs (rescates financiados con dinero externo, generalmente público) siguen siendo posibles, pero solo en circunstancias excepcionales y, por lo general, tras aplicar previamente un nivel de bail-in. Un ejemplo fue el rescate bancario de España en 2012, cuando se destinaron fondos europeos para rescatar a Bankia tras el estallido de la crisis financiera.